Mi cabeza estalla. La última semana dejó eso, me abombó. Pasaron muchas cosas y tan tristes... El peso que, esa seguidilla de momentos perturbadores, me generó hizo que terminara en el extremo, al que nunca creí llegar, y me asustó. No el hecho en sí, tampoco es algo tremendo, si no el cómo... lo que sentí. Nunca me sentí de tal manera. Fue horrible.
En mi mente hay una proyección constante de imágenes, personas, voces, dichos, palabras, sensaciones, sonidos y gritos que no puedo parar, y me retumban constantemente. Siguen provocándome la misma reacción que la primera vez, y me hace sentir muy chiquita, como una hormiga. No paro de maquinar y hay veces en que necesito apagarme, ya no pensar, porque vivo con una angustia ahogante. Me siento tan lastimada... Y quiero parar mi cabeza, dejar de respirar, dormir eternamente. Porque mientras estoy despierta hasta el aire me corta la piel. Me siento muy frágil, ante todo, lo que sea me aplasta. Todo se siente muy poderoso ante mí, muy fuerte. Me siento tan aturdida... Necesito aires de paz.
Pienso que nada va a pasar, que yo soy fuerte, que quienes me rodean me cuidan, que el mundo no puede ser tan injusto, que hay personas amables, pero en el momento me paralizo y me siento indefensa. No puedo hacer otra cosa que temblar y llorar, no encuentro forma de regularme, de controlar mis emociones, no hay manera de tranquilizarme. ¿Cómo frenar el miedo que salta a borbotones hasta por los poros?
Necesito tener ganas, de algo lindo. Quiero que me inviten a pasear, a hamacarse en la plaza, a pintar cajitas, a andar en bici, a tomar un té mirando las nubes pasar por la ventana, a caminar, a charlar toda la madrugada, o simplemente a reír... a soltar carcajadas a borbotones, que hace tanto no hago. A mirar lo maravilloso de la vida... y, quizás, hasta lo veo, ¿no? Ayudame a verlo, que yo quiero.