martes, 29 de noviembre de 2011

Y apreté los dientes y todo fue encontrando su razón

Un proceso está conformado por etapas, las etapas por momentos. Y los procesos son como ruedas enormes llenas de cosas adentro que giran y giran... hasta que culminan. Creo que la vida está llena de procesos, y es todo un constante proceso, y al terminar uno comienza otro. 
Ya pasadas (¿pasadas?) varias etapas, creo que estoy entrando en la más liviana. Como no entiendo en la mayoría de las ocasiones a mis revueltos sentimientos, entonces a veces no sé manejarme, controlarme, regularme... tampoco sé transmitirlo bien al resto, pero creo que lo intento, es todo un constante intento. A veces creo que ya pasó, pero después se presentan cosas en mí en determinadas situaciones que hacen darme cuenta que no, que todavía la rueda sigue girando, pero va cambiando el color de ella de a poco. Mientras gira, yo me amoldo, me acostumbro... ¿a qué? creo que a mí misma, en relación con el exterior, trato de amoldarme a esas situaciones, acostumbrarme a convivir con ellas. Para darme cuenta qué es lo que me rebota, lo que provoca esas reacciones que no comprendo, y cuando las descubro puedo prevenir en próximas situaciones, ahí está bueno, se puede evitar a veces. Ya tengo en claro que hay cosas que son necesarias, creo que hasta las etapas más pinchudas lo son, y claro, pinchan, pero después el dolor del pinchazo se va. 
Y, aunque sea una cagada, hay que acostumbrarse y asimilar que no siempre se puede lograr el ideal. Y estoy aprendiendo a transitar con calma, a convivir con el torbellino adentro y que no se vaya toda la mierda para afuera, ya podré, sin dudas.
Y al miedo, lo vomito por forro. (¡y con vos sobre las alas sigo volando!)

viernes, 18 de noviembre de 2011

´´El tiempo no pasa en vano, mientras todo el mundo duerme, el silencioso río del tiempo sigue fluyendo, quiero decirte que lo del tiempo no es sólo un problema de la metafísica, el tiempo es una realidad para mí, el tiempo entre ustedes, los peruanos, me ha convertido en peruano, ¿te has dado cuenta que ya no tengo acento argentino? Eso es gracias al tiempo, que de otro lado es el gran solucionador de todos los problemas.´´

miércoles, 2 de noviembre de 2011

No se si de repente, desde ahora o desde siempre, pero veo una indiferencia de la masa borboteante. Es impresionante realmente la indiferencia que tienen (tenemos) las personas ante algunas situaciones o circunstancias. Y no lo entiendo, no puedo creer que pasa por sus mentes en esos momentos. ¿Por qué no reaccionan? o tal véz sí, pero eso no llega a ser una intervención en la situación. ¿Cómo es que pueden seguir sabiendo a su lado hay tal muestra de violencia y no hicieron nada para frenarla? 
Esa violencia asusta, pero escapamos de ella, y dejamos que siga... ''mientras no me toque a mí'', suena bastante, ¿no? Bueno, no creo en que así sea. Porque cuando te toca a vos decís ''aaah, como ese día que...'' y ahí te acordás, pero ¿por qué no pensar en que puede tocarte a vos también? o si así no fuera, ¿por qué no ayudar al que lo padece? sin necesidad de vivirlo en primera persona, o simplemente pedir ayuda. Y cuando pasa, cuando te pasa, es ahí cuando pensás en el resto y el por qué de sus actos, pero también alguna vez lo hiciste, también lo hicimos alguna vez. Es tan distinta la mirada desde afuera... y es a veces tan complicado ponerse en el lugar del otro, atreverse a pasar la barrera.
A veces me da seguridad la manada, el conjunto de gente (por más que muchas veces me da asco), pero esa ''seguridad'' es muy subjetiva. Me hace sentir así, porque así me lo pintan, pero finalmente veo que no es así, y que la multitud no es nada, son individuos que se mueven juntos por el sólo hecho de la dependencia que nos provoca este mundo. Esa multitud es la misma que te escupe, es la misma que te pisa, y esa multitud se caga en vos. Corroboré desde lejos, y desde cerca, que es así, que te miran y no te ven. Es muy triste pensar en eso, pensar en que ven lo que te pasa y se manejan con tal impunidad de no frenar para dar una mano, es muy triste pensar en la individualidad que controla las cabezas. 
Y nuevamente, el miedo puede más.