miércoles, 2 de noviembre de 2011

No se si de repente, desde ahora o desde siempre, pero veo una indiferencia de la masa borboteante. Es impresionante realmente la indiferencia que tienen (tenemos) las personas ante algunas situaciones o circunstancias. Y no lo entiendo, no puedo creer que pasa por sus mentes en esos momentos. ¿Por qué no reaccionan? o tal véz sí, pero eso no llega a ser una intervención en la situación. ¿Cómo es que pueden seguir sabiendo a su lado hay tal muestra de violencia y no hicieron nada para frenarla? 
Esa violencia asusta, pero escapamos de ella, y dejamos que siga... ''mientras no me toque a mí'', suena bastante, ¿no? Bueno, no creo en que así sea. Porque cuando te toca a vos decís ''aaah, como ese día que...'' y ahí te acordás, pero ¿por qué no pensar en que puede tocarte a vos también? o si así no fuera, ¿por qué no ayudar al que lo padece? sin necesidad de vivirlo en primera persona, o simplemente pedir ayuda. Y cuando pasa, cuando te pasa, es ahí cuando pensás en el resto y el por qué de sus actos, pero también alguna vez lo hiciste, también lo hicimos alguna vez. Es tan distinta la mirada desde afuera... y es a veces tan complicado ponerse en el lugar del otro, atreverse a pasar la barrera.
A veces me da seguridad la manada, el conjunto de gente (por más que muchas veces me da asco), pero esa ''seguridad'' es muy subjetiva. Me hace sentir así, porque así me lo pintan, pero finalmente veo que no es así, y que la multitud no es nada, son individuos que se mueven juntos por el sólo hecho de la dependencia que nos provoca este mundo. Esa multitud es la misma que te escupe, es la misma que te pisa, y esa multitud se caga en vos. Corroboré desde lejos, y desde cerca, que es así, que te miran y no te ven. Es muy triste pensar en eso, pensar en que ven lo que te pasa y se manejan con tal impunidad de no frenar para dar una mano, es muy triste pensar en la individualidad que controla las cabezas. 
Y nuevamente, el miedo puede más.